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Condiciones ecológicas de la zona
INTRODUCCIÓN
Tucumán abarca una superficie de 22.524 km2 y se ubica al noroeste de la República Argentina. Las condiciones agroclimáticas y edáficas quedan definidas por la fisiografía.
El territorio provincial se divide en dos grandes áreas; una planicie más o menos ondulada en algunas zonas, que abarca todo el sector este, y una región montañosa que define valles intermontanos, que se ubican al oeste. Esta distribución genera condiciones agroclimáticas y edáficas con aptitudes diferentes para una gama de cultivos, desde especies tropicales hasta árboles de alto requerimiento de frío, y desde plantas xerofíticas hasta aquellas con alto requerimiento hídrico.
DESCRIPCIÓN GENERAL DEL ÁREA CITRÍCOLA
Los cítricos se distribuyen en la provincia a lo largo de una delgada faja que se extiende desde Burruyacú en el extremo Noreste hasta La Cocha en el sur.
Esa zona corresponde en su mayoría al pedemonte y se ubica en los faldeos orientales de las sierras pampeanas. Es una zona de transición de temperaturas y precipitaciones, que han definido suelos con vegetación del tipo selvática subtropical.
El límite occidental de la zona citrícola está marcado por la topografía excesivamente ondulada al acercarse a la montaña, donde la pendiente dificulta el cultivo. Desde ese punto hacia arriba, se extiende la selva subtropical cuyo desmonte no resulta económico.
FISIOGRAFÍA DEL ÁREA
El 70% de la zona citrícola tiene suelos de relieve ondulado, característica que aporta algunas ventajas como la eliminación rápida de los excesos hídricos, evitando la acumulación de agua al pie de las plantas (efecto positivo por el predominio de suelos de textura fina). Además, atenúa los efectos de las heladas, ya que durante las noches frías las laderas tienen circulación de vientos, que provocan aumentos de temperaturas.
El relieve ondulado, sin embargo, acarrea algunos inconvenientes (problemas en el manejo de las plantaciones e incremento de los costos de implantación). Las medidas de prevención de la erosión son muy necesarias ya que las precipitaciones se concentran en el período estivo-otoñal, con ocurrencia de lluvias torrenciales y cuyo aporte en algunos momentos supera la capacidad de absorción del suelo. Entre las prácticas preventivas para evitar daños por erosión, se utilizan curvas de nivel, canales de guarda, desagües, etc.
Los suelos del área se originan en su mayoría en depósitos cuaternarios formados por abanicos aluviales, cruzados por numerosos cursos de agua que avanzan desde la serranía. Las pendientes son mayores a medida que se avanza hacia el oeste y tiende a ser plana al acercarse al límite oriental de la zona citrícola.
CLIMA
Temperaturas: Los valores térmicos medios y extremos, y la escasa incidencia de heladas que se registran en la zona cítricola de Tucumán, definen un área muy apta para el cultivo del limonero.
La zona citrícola se extiende aproximadamente entre las isotermas de temperaturas medias anuales de 16 y 19°C; la media del mes más frío (julio) es de 12°C, mientras que la del mes más cálido (enero) es de 25°C. Los límites de la zona citrícola están fijados por las temperaturas, cuya distribución está definida por la topografía, que actúa como patrón dominante muy homogéneo. De ese modo, las isotermas siguen un trazado más o menos paralelo al de la curvas de nivel.
La temperatura máxima media anual de la zona es de 25-26°C, uno o dos grados menos que en la porción llana, ya que la altura (superior a los 400 metros sobre el nivel del mar) y las pendientes del lugar, ejercen un efecto atenuante.
La porción central de la zona citrícola tiene aproximadamente un período de riesgo de heladas de 50 días con un mayor riesgo para la producción comercial en los extremos de la zona. En el centro, los riesgos de daño son menores que en los extremos, salvo en aquellas plantaciones que se ubican en la denominada llanura deprimida (en las inmediaciones o al este de la ruta naciona 38).
Precipitaciones: La mayoría de la zona citrícola se ubica en las áreas definidas por las líneas de 800 a 1000 mm y de 1000 a 1200 mm por año. Estas precipitaciones cubrirían las necesidades mínimas de los cítricos. Sin embargo, las lluvias en la provincia tienen una distribución irregular, ya que responden a un régimen monzónico, se concentran en el período estivo-otoñal y generan un déficit en el invierno y primavera
El período seco tiene como desventaja que coincide con el momento de máximo requerimiento hídrico de los cítricos, haciendo necesario el aporte de riego artificial para lograr producciones elevadas, en gran parte de la zona citrícola. Sin embargo, su ocurrencia durante el cuaje y primer período de crecimiento de los frutos, es un factor favorable para varios atributos de calidad: baja incidencia de enfermedades, alto contenido de aceite escencial, y corteza delgada y suave.
A pesar de que toda la provincia posee un régimen similar, los extremos de la zona citrícola atraviesan áreas de 800, 700 y aún 600 mm, lo que es insuficiente para los cítricos, aún cuando tuvieran una distribución adecuada Esto genera una importante diversidad climática en la zona citrícola.
El balance hídrico, originado tanto en la diferencia de aportes de agua de lluvia como en el comportamiento diferente de la evapotranspiración, se aprecia en la Figura 1 donde se ve el correspondiente al Departamento de Tafí Viejo, donde está ubicada nuestra empresa. La zona norte de la provincia presenta precipitaciones de 800 a 1000 mm, generando un marcado déficit inverno-primaveral. Esta situación se acentúa en áreas tradicionalmente citrícolas como el cadillal, el Timbó, (con precipitaciones de 700 mm) o en Tafí Viejo y Lacavera, donde además, los suelos poseen gravas en superficie o en profundidad, lo que origina baja retención de agua y se genera un marcado déficit en la primavera.
DESCRIPCIÓN AGROECOLÓGICA DE LA ZONA
La zona de cultivo de limonero de Vicente Trápani S.A. está asentada en la región del Pedemonte Sub-Húmedo Húmedo, que se ubica al norte del departamento Capital y al sudoeste del departamento Burruyacú. Incluye las localidades de Tafí Viejo, Nueva Esperanza, Taficillo, Lacavera, San José, La Rinconada, Lules, Los Nogales, El Cadillal, Los Pocitos, La Calera, La Granja, El Timbó y El Ojo. La precipitación anual es de 900 mm; es decir que resulta insuficiente para el requerimiento de los cítricos, agravado por la distribución.
Los suelos son de origen aluvial o coluvial, muy heterogéneos en textura. Varían de franco arcillosos a franco arenosos y arenoso-francos. Es típica la carga de gravas a diferentes profundidades, muy frecuentemente en la superficie haciendo muy dificultosas las tareas agrícolas mecanizadas.
El horizonte A es de escaso desarrollo y reposa directamente sobre el horizonte C, conformando un perfil tipo AC. El carácter más distintivo es la presencia de calcáreo, que puede variar de 3 a 20%. Son excesivamente drenados y por su relieve poseen un escurrimiento rápido, disminuyendo las posibilidades de infiltración. Esto ocasiona que permanezcan secos gran parte del año.
La reacción química es medianamente alcalina por la presencia de calcáreo (pH 7,5 a 8), lo que ocasiona bloqueo de algunos nutrientes. Los contenidos nutricionales y las condiciones físicas definen una buena fertilidad en general. El contenido de materia orgánica es de 2,5 a 3%. En general el fósforo alcanza de 15 a 20 ppm, lo que es de moderado a deficiente para los cítricos, haciendo necesario el aporte al menos en el momento de la plantación.
La topografía excesivamente ondulada, en ocasiones exige sistematización para evitar erosión hídrica y para el manejo del agua de riego, práctica indispensable para alcanzar valores productivos elevados. Es una zona adecuada para el cultivo de los cítricos, pero sin riego es muy difícil superar producciones elevadas. La elección de los portainjertos debe ser muy cuidadosa y precedida por el análisis de suelos para conocer la reacción química y la presencia de calcáreo.




